sábado, 24 de noviembre de 2012

Nadie ha innovado sin fracasar

Quién no se ha sentido frustrado alguna vez al ver que una idea o un proyecto en el que había puesto toda su ilusión, entusiasmo, tiempo y si me apuráis hasta dinero, al final termina en fracaso.

Desgraciadamente, en nuestra cultura y en nuestra sociedad el fracaso está muy castigado. Seguro que a todos nos han dicho alguna vez eso de “ya te lo dije…” “ya sabía yo que eso no iba a funcionar…” “cuántas veces te lo habré dicho…”. Además, sólo hay que leer la definición que la Real Academia de la Lengua hace de la palabra fracaso. Eso más que una definición parece una losa. A ver quién es el valiente que se anima a crear e innovar sabiendo lo que le espera si fracasa.

Definición RAE de la palabra fracaso

¿Pero por qué entendemos siempre el fracaso como ruina, caída, malogro, funesto...? El fracaso también es parte del éxito. Es un peaje que pagamos a la innovación. Sé que este planteamiento es algo que suena muy bonito y que es fácil de decir, pero también es cierto que nadie ha innovado sin fracasar. El gran jugador de baloncesto Michael Jordan, doble campeón olímpico y varias veces campeón de la NBA y MVP, decía siempre “he fallado una y otra vez en mi vida, por eso he conseguido el éxito”.

El fracaso es un elemento natural dentro del proceso de innovación. Fracaso, éxito y creatividad están intrínsecamente relacionados. Por tanto, debemos entenderlo no como el fin último, sino como un paso intermedio hasta el éxito, como un aprendizaje que nos empuja a seguir derivando y mejorando nuestras ideas y proyectos.

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